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Trauma, duelo y procesos difíciles

Ferran Torres e Iniesta: detrás de los goles que hicieron historia también hubo depresión

Dos goles que hicieron historia y dos historias de salud mental que también merecen ser contadas.

Por Miriam Ruiz

Publicado: 21 de julio de 2026

11 min de lectura

Ferran Torres e Iniesta: detrás de los goles que hicieron historia también hubo depresión

Dieciséis años separan dos goles que España no olvidará.

En 2010, Andrés Iniesta marcó en la prórroga el gol que convirtió a la selección española en campeona del mundo por primera vez. En 2026, Ferran Torres volvió a hacerlo: España venció a Argentina y consiguió su segunda estrella gracias a un gol suyo en el minuto 106.

Dos futbolistas. Dos generaciones. Dos finales. Dos momentos que millones de personas celebraron como si fueran propios.

Pero detrás de ambos goles también existe otra historia. Una historia que ocurrió lejos de los estadios, de los aplausos y de las celebraciones: la de dos personas que atravesaron etapas de profundo sufrimiento psicológico, perdieron la ilusión y necesitaron pedir ayuda profesional.

Recordamos perfectamente el momento en el que marcaron. Quizá también deberíamos hablar de los momentos en los que levantarse, entrenar, disfrutar o sentirse ellos mismos se volvió mucho más difícil.

Dos héroes deportivos que también necesitaron ayuda

Durante años hemos construido una imagen muy concreta de las personas exitosas. Pensamos que quien ha conseguido cumplir sus sueños debe sentirse feliz. Que quien tiene reconocimiento, dinero, talento, una familia que le quiere y una profesión privilegiada no puede estar deprimido.

Desde fuera, parece que no le falta nada.

Pero la depresión no hace una lista de tus logros antes de aparecer. No se detiene a comprobar cuántos títulos tienes, cuánto dinero ganas, cuánta gente te admira o cuántas razones deberías tener para estar agradecido.

Puedes estar viviendo uno de los mejores momentos profesionales de tu vida y, al mismo tiempo, sentirte profundamente desconectado por dentro.

Eso fue precisamente lo que mostró la historia de Andrés Iniesta. Y años después, con circunstancias diferentes, también lo ha mostrado Ferran Torres.

Iniesta: cuando el éxito no consigue tapar el dolor

La imagen de Andrés Iniesta marcando el gol de la final de Sudáfrica forma parte de la memoria colectiva de España. Corrió hacia una esquina del campo, se quitó la camiseta y mostró un mensaje dedicado a Dani Jarque, su amigo y futbolista del Espanyol, que había fallecido repentinamente en 2009.

Lo que muchas personas no sabían entonces era que Iniesta había llegado al Mundial después de atravesar una depresión.

El duelo por la muerte de su amigo, las lesiones y el desgaste emocional fueron acumulándose durante una etapa en la que, aparentemente, su carrera no podía ir mejor. Mientras el mundo veía a uno de los mejores futbolistas del planeta, él estaba intentando sostener un dolor interno que durante mucho tiempo había tratado de ocultar.

Años después explicó que el fútbol le servía como consuelo. Dentro del campo podía expresarse, concentrarse y encontrar un alivio temporal. Pero aquello que intentaba tapar seguía estando dentro.

También contó que hubo entrenamientos que no podía terminar porque se encontraba mal y que fue fundamental que su entrenador, el cuerpo técnico y las personas de su entorno entendieran lo que estaba viviendo. Además, comenzó un proceso con una psicóloga.

Iniesta llegó a convertirse en campeón del mundo mientras todavía estaba atravesando un proceso emocional muy complejo. Y eso nos recuerda algo importante: funcionar no significa necesariamente estar bien.

Una persona puede trabajar, cuidar de sus hijos, responder mensajes, ir al gimnasio, cumplir con sus obligaciones e incluso conseguir resultados extraordinarios mientras por dentro siente que apenas puede sostenerse. Desde fuera quizá nadie lo note. Por dentro, cada día puede sentirse como una batalla.

Funcionar no significa necesariamente estar bien. Desde fuera quizá nadie lo note; por dentro, cada día puede sentirse como una batalla.

Ferran Torres: cuando aquello que amas deja de hacerte ilusión

La historia de Ferran Torres es diferente, pero contiene una señal psicológica muy significativa.

Durante una etapa complicada en el FC Barcelona, las críticas, la presión y la falta de confianza empezaron a afectarle mucho más de lo que él mismo reconocía. Ferran ha contado que pensaba que los comentarios no le hacían daño, hasta que comprendió que sí le estaban afectando. Perdió la ilusión por jugar y las ganas de acudir a los entrenamientos.

Aquello que había sido su sueño desde niño dejó de generarle entusiasmo. También describió ese momento como entrar en un pozo del que no sabía cómo salir. Fue entonces cuando decidió comenzar a trabajar con un profesional de la salud mental.

Ferran continuaba siendo futbolista. Seguía entrenando, compitiendo y formando parte de uno de los clubes más importantes del mundo. Sin embargo, su experiencia interna era muy diferente de la imagen que los demás veían.

Comenzar a trabajar psicológicamente le ayudó a aprender a gestionar las críticas, diferenciar las opiniones importantes del ruido externo, recuperar la confianza y relacionarse de otra manera con los momentos buenos y malos de su carrera. Años después, marcó el gol que hizo a España campeona del mundo.

Pero conviene explicar bien esta historia. No ganó el Mundial "gracias a haber tenido una depresión". El sufrimiento no fue una bendición disfrazada ni una prueba enviada para hacerlo más fuerte. Tampoco debemos medir la eficacia de la terapia por el gol que marcó después.

El valor de pedir ayuda estaba mucho antes del gol. Estaba en recuperar las ganas de entrenar. En volver a disfrutar. En aprender a escuchar lo que le estaba ocurriendo. En dejar de vivir completamente condicionado por la opinión de los demás.

El Mundial es un logro deportivo extraordinario. Recuperarse emocionalmente fue un logro personal que merece existir aunque no hubiera terminado en una final.

La depresión no siempre se parece a la tristeza

Cuando pensamos en una persona con depresión, solemos imaginarla llorando, aislada o sin poder salir de la cama. Y sí, la depresión puede presentarse de esa manera. Pero también puede aparecer en personas que siguen funcionando: personas que llegan puntuales al trabajo, que hacen bromas, que cuidan de los demás, que publican fotografías sonriendo, que obtienen buenos resultados, que responden "todo bien" porque ni siquiera saben cómo explicar lo que les ocurre.

La depresión puede incluir un estado de ánimo bajo, vacío o irritable, pérdida de interés, cansancio, dificultades para concentrarse, cambios en el sueño o el apetito, desesperanza, culpa o una sensación persistente de no tener energía para seguir viviendo como antes.

No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Tampoco tener unos días malos significa necesariamente estar atravesando una depresión: el diagnóstico requiere una valoración profesional. Sin embargo, cuando el malestar se mantiene durante semanas, interfiere en la vida cotidiana o hace que una persona deje de reconocerse, merece ser atendido. No hace falta esperar a estar completamente desbordada.

La pérdida de interés por aquello que antes te hacía disfrutar, como le ocurrió a Ferran, es una de las señales que pueden aparecer durante una depresión. No siempre se manifiesta llorando todo el día o siendo incapaz de levantarte de la cama. En ocasiones aparece así:

  • Como apatía.
  • Como desconexión.
  • Como agotamiento.
  • Como irritabilidad.
  • Como una sensación de vacío difícil de explicar.
  • Como tener delante algo que antes te hacía feliz y notar que ya no te provoca nada.

"Pero ¿cómo puedes estar mal si lo tienes todo?"

Esta es una de las frases que más culpa puede generar. Muchas personas que atraviesan una depresión se preguntan constantemente qué derecho tienen a sentirse así: "tengo una familia que me quiere", "tengo trabajo", "mis hijos están sanos", "no me falta nada", "hay personas que están mucho peor", "debería estar agradecida".

Y como no encuentran una razón que les parezca suficientemente grave, empiezan a juzgarse. Ya no solo están sufriendo: también se sienten culpables por sufrir.

Pero tener cosas buenas en tu vida no te protege automáticamente de una depresión. La gratitud puede ser valiosa, pero no sustituye un tratamiento psicológico ni elimina una depresión, y decirle a una persona que debería valorar más lo que tiene puede hacer que se sienta todavía más incomprendida.

  • Puedes querer profundamente a tus hijos y sentirte desconectada.
  • Puedes tener una pareja que te acompaña y sentir un vacío enorme.
  • Puedes haber conseguido aquello por lo que llevabas años luchando y no ser capaz de disfrutarlo.
  • Puedes saber racionalmente que tienes motivos para estar bien y, aun así, sentir que algo dentro de ti se ha apagado.
Nadie sale de una depresión sintiéndose culpable por no ser feliz.

Seguir cumpliendo también puede esconder mucho sufrimiento

Quizá tú no estés jugando una final del Mundial. Pero puede que también lleves meses funcionando por fuera mientras por dentro te sientes cada vez más apagada.

Te levantas porque tienes que hacerlo. Trabajas porque hay facturas que pagar. Atiendes a tus hijos porque dependen de ti. Respondes mensajes porque no quieres preocupar a nadie. Haces planes porque te da miedo que los demás noten que algo no va bien.

Y desde fuera pueden decirte que eres fuerte, responsable y capaz. Lo que no ven es el esfuerzo enorme que te supone hacer cosas que antes eran sencillas. Tampoco ven lo que ocurre cuando llegas a casa, cuando te quedas sola o cuando ya no tienes que fingir que estás bien.

Cumplir con tus responsabilidades no invalida tu sufrimiento. Hay personas que piden ayuda cuando ya no pueden levantarse. Otras la necesitan mucho antes, cuando todavía pueden hacerlo todo, pero sienten que cada día les cuesta un poco más.

La presión por parecer fuerte

Que Iniesta y Ferran hayan hablado públicamente de su salud mental resulta especialmente importante dentro del fútbol masculino. Durante mucho tiempo, a muchos hombres se les ha enseñado que mostrar miedo, tristeza, inseguridad o vulnerabilidad es una señal de debilidad. Tienen que resistir, competir, soportar, callar y seguir adelante.

En el deporte de élite esa presión puede intensificarse. Los futbolistas están expuestos a críticas constantes, comentarios en redes sociales, expectativas económicas, lesiones, cambios de entrenador, comparaciones y una evaluación pública permanente de su rendimiento. Un mal partido puede convertirlos en objeto de burla ante millones de personas.

Y detrás de cada jugador sigue habiendo una persona: con inseguridades, vínculos, pérdidas, miedos y una historia emocional que no desaparece al ponerse una camiseta.

Hablar de terapia no los hace menos competitivos, menos fuertes ni menos admirables. Al contrario: ayuda a cuestionar una idea que ha hecho mucho daño, la de creer que la fortaleza consiste en aguantar hasta romperse.

Pedir ayuda no te convierte en débil

Muchas personas retrasan el momento de empezar terapia porque creen que todavía deberían poder solucionarlo solas. Se dicen que esperarán un poco más, que quizá mañana se encuentren mejor, que no quieren preocupar a nadie, que lo suyo tampoco es para tanto, que otras personas necesitan más ayuda o que pedirla demostraría que han fracasado.

Pero la terapia no está reservada para quien ya ha tocado fondo. Puedes pedir ayuda:

  • Cuando notas que estás perdiendo ilusión.
  • Cuando te cuesta disfrutar.
  • Cuando vives agotada.
  • Cuando ya no te reconoces.
  • Cuando estás irritable con todo el mundo.
  • Cuando necesitas aislarte constantemente.
  • Cuando haces tu vida, pero sientes que solo estás sobreviviendo.
  • Cuando llevas demasiado tiempo diciéndote que ya se te pasará.
Pedir ayuda no significa que no hayas sido suficientemente fuerte. Muchas veces significa que llevas demasiado tiempo siéndolo sin apoyo.

La terapia tampoco convierte el sufrimiento en una historia perfecta

Las historias de personas conocidas suelen contarse desde el final. Sabemos que Iniesta marcó el gol de 2010 y que Ferran marcó el de 2026. Y desde ese desenlace resulta tentador construir una narrativa limpia: sufrieron, pidieron ayuda, se recuperaron y triunfaron.

La vida emocional rara vez funciona de una forma tan ordenada. Los procesos no siempre son lineales: puede haber avances y recaídas, semanas mejores y días muy difíciles, momentos en los que crees que ya lo has superado y otros en los que algo vuelve a activarse.

Pedir ayuda tampoco garantiza que todo lo que deseas vaya a ocurrir. No todas las personas que empiezan terapia ganan un Mundial, consiguen un ascenso, recuperan una relación o vuelven inmediatamente a ser productivas. Y no necesitan hacerlo para que su proceso tenga valor.

A veces el gran logro consiste en cosas mucho más cotidianas:

  • Volver a dormir.
  • Recuperar el apetito.
  • Poder disfrutar de una conversación.
  • Dejar de sentir que eres una carga.
  • Pedir compañía.
  • Volver a experimentar ilusión por algo pequeño.
  • Aprender a estar contigo sin hacerte daño.

Cómo acompañar a una persona con depresión

Cuando alguien cercano te cuenta que no está bien, quizá sientas la necesidad de animarlo rápidamente. Quieres ayudar y buscas una frase que lo saque de ahí. Pero expresiones como "tienes que ser fuerte", "anímate", "podría ser peor", "piensa en todo lo bueno que tienes" o "sal y distráete" pueden hacer que la persona se sienta todavía más sola. De hecho, ya te contamos con más detalle qué no decirle a una persona con depresión.

No necesita que le demuestres que su vida es objetivamente buena: probablemente ya lo sabe. Necesita sentir que puede hablar sin tener que justificar su sufrimiento.

No tienes que convertirte en su terapeuta ni saber resolverlo todo. Hay gestos sencillos que sí ayudan:

  • Escuchar y preguntar cómo se encuentra realmente.
  • Ayudarla a buscar atención profesional.
  • Ofrecerte a acompañarla a una cita.
  • Mantener el contacto, incluso cuando se aísle.
  • Preguntar directamente si está teniendo pensamientos de hacerse daño cuando exista preocupación.

Cuándo buscar ayuda psicológica

Conviene buscar ayuda profesional cuando la tristeza, el vacío, la irritabilidad, el agotamiento o la pérdida de interés se mantienen en el tiempo y empiezan a afectar al trabajo, los estudios, los vínculos, el descanso o la capacidad de disfrutar. También cuando notas que haces tu vida en automático, que cada tarea requiere demasiado esfuerzo o que llevas semanas esperando a volver a sentirte como antes.

No necesitas tener una explicación perfecta ni saber exactamente qué te pasa antes de pedir ayuda. Precisamente, un proceso terapéutico puede ayudarte a poner nombre a lo que estás viviendo, comprender qué factores están influyendo y encontrar una manera más segura de afrontarlo.

Si aparecen pensamientos sobre hacerte daño, desaparecer o no querer seguir viviendo, es importante pedir ayuda inmediata. En España puedes llamar gratuitamente al 024, acudir a urgencias o contactar con el 112 cuando exista un peligro inmediato.

Tu sufrimiento merece ser tomado en serio, aunque una parte de ti te diga que estás exagerando.

Recordaremos a Andrés Iniesta y a Ferran Torres por los goles que hicieron campeona del mundo a España. Pero sus historias también pueden ayudarnos a recordar algo que sucede cuando se apagan los focos.

Puedes ser admirado y sentirte vacío. Puedes conseguir lo que siempre quisiste y no ser capaz de disfrutarlo. Puedes seguir cumpliendo y necesitar ayuda. Puedes parecer fuerte y estar agotado. Puedes tenerlo aparentemente todo y sentir que algo dentro de ti se está apagando.

Pedir ayuda no les quitó talento, mérito ni fortaleza. Les permitió atender a la persona que existía detrás del futbolista.

Y quizá esa sea la lección más importante: no tienes que esperar a tocar fondo, ni demostrar que tu sufrimiento es suficientemente grave, ni seguir funcionando en silencio para que nadie se preocupe.

A veces, el primer paso para recuperar la ilusión no consiste en esforzarte todavía más. Consiste en dejar que alguien te acompañe.

Sobre la autora

Miriam Ruiz, psicóloga y fundadora de a terapia con miriam, comparte recursos divulgativos para ayudarte a entender lo que te pasa con más claridad y menos culpa.

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Si llevas tiempo funcionando por fuera mientras por dentro sientes que te estás apagando, podemos acompañarte.

Nuestro equipo de psicólogas puede ayudarte a comprender qué te ocurre, trabajar la depresión, recuperar poco a poco la ilusión y dejar de atravesar este momento en soledad.

Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración o un proceso terapéutico individual. Si tienes pensamientos de hacerte daño o sientes que estás en peligro, llama al 024, acude a urgencias o contacta con el 112.

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